Ella dice que ya no le quedan suspiros, que los malgastó a principios del confinamiento, pero vuelve a suspirar antes de decir lo que va a decir y después, con tono portentoso y en mayúsculas, dice:

HAY UNA VEZ EL PRESENTE, DONDE YO AHORA.

Y su voz rebotando entre las paredes de la casa le devuelve a los oídos:

…DONDE YO AHORA,

…DONDE YO AHORA,

…DONDE YO,

…DONDE YO,

…AHORA,

…AHORA,

…AHORA.

Parece que está sonriendo mientras se escucha su voz de eco saliendo de las paredes. Dice que le da por repetir la misma frase pero ahora en bajito y en minúsculas, como para ella misma: «Hay una vez el presente, donde yo ahora», se dice.

Sí, sin duda está sonriendo. Y con la sonrisa en la boca está ella subiendo las escaleras, está entrando en su habitación y ahí está ella, poniendo a sonar el Guajira guantanamera en voz de Compay Segundo. Dice que aumenta dos rayitas más el volumen y, con la salsa en el cuerpo, se va a confinar otro rato.

Guantanamera, guajira guantanamera

Guantanameeeeeeeera, guajira guantanameeera.

***

Este texto pertenece a la serie Historias de un confinamiento, un conjunto de relatos concebidos en pleno encierro a lo largo del año 2020, durante la pandemia del coronavirus.