Belqui Leal nació en las Islas Canarias (La Palma) aunque actualmente vive en Gerona. Tiene 37 años y es maestra de Educación Infantil y Primaria. En 2015 decidió dejar la enseñanza por incompatibilidad moral con el sistema y, desde entonces, se dedica a la escritura, el otro haz de su cara que comenzó a cultivar desde que era una niña.

Este blog es su primer paso en una carrera sin licenciatura ni título que se forma con el tiempo, la pasión y la constancia. Y como en algún lugar hay que poner la primera letra, he aquí los cimientos de un futuro desconocido.

Actualmente dirige el Club de Escritura El jardí de les antípodes de la biblioteca pública  Carles Rahola en Girona, el Club de Escritura Ocells a la deriva de  Bescanó y los clubes de lectura y escritura para adultos en el municipio de Quart así como el Club de Escritura para niños y niñas, algo así como un laboratorio creativo de literatura. También imparte otro tipo de talleres y eventos.


POR DECIR POCO…

Decir poco, a veces, es una estrategia santa para decir mucho. Diría entonces para presentarme que soy árbol, que soy carne, que soy sopa de invierno y hasta la cuerda aguda de un violín desafinado cuando el mundo se pudre de hambre.

Por decir poco: puedo resumirme en un lápiz matrimonial junto a su goma de borrar; en el suspiro desesperado por cruzar los mares. Me resumo en la palabra melancolía y en el número tres. En azul turquesa, en rosado atardecer y en naranja que amanece. Simplificando mal llego a ser la investigadora despistada de una película sin tensión, la equilibrista que se baila a ella misma sobre un hilo de nylon, de seda o de algodón.

Déjenme, por un rato, que sea testigo de vuestros sueños porque frente a los sueños ajenos los de uno empujan la puerta y abandonan el resquicio de lo entreabierto. Que las flores junto a las flores crecen. Que el síndrome de arriesgarlo todo es el empeño de un valiente. Déjenme, por un rato, que sea testigo de lo que sienten.

Me limitaré a los márgenes y, sin salirme de la carretera, les digo que lo importante no es más que un estado emocional, así como lo es el vacío, el horror, como lo es una herida abierta como lo es el beso que nunca salió de la boca. Por decir poco: que nada duele tanto como un pasado arrastrado al presente.

Puedo decir y no digo que sería un gran pastel de chocolate, pero que me pueden las guindas, el ácido del albaricoque y la piel velluda de un melocotón. Que prefiero la escalera al ascensor y que si de kilómetros hablara no habría recorrido que estas manos no palparan.

Pero entonces me paro en seco y  me pregunto si no habré puesto en evidencia la soberbia de quien habla mucho y por decir, dice más bien poco.

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