Fuera hace ruido,
como en los días de guerra
como en los días sin ti.

El espejo me gritó
por los ojos
me lloró por la boca
y me silenció por la nariz.

Dos, tres…cinco segundos sin aire,
cinco segundos sin ti.

Tengo silencio de dormir
porque desde que no estás
el cuerpo quedó vacío
las sábanas frías
y el verano de un gris ridículo.

Los ruidos hablan
las paredes también:
¡Vuelve!, dicen.
Me callo y escucho.

¡Vuelve!, repiten.
Y me repito: yo solo escucho.

Tengo silencios de dormir,
ya sabes.
Se me acumulan
en la nuca
en los dedos
en la lengua
en el vestido
en las velas apagadas
en el viento que no cesa
en la herida que asusta
en el eco de tus besos.

¡Vuelve!, gritan ellas.
¡Sin ruido!, grito yo.

***