Recuerdo…

Aquellos atardeceres desde la terraza a cuatrocientos metros sobre el nivel del Atlántico.

Botones en el ojal equivocado y Besos que fueron extraviados.

Calmarme el dolor de amor leyendo a García Márquez. Contar ovejas y seguir despierta. Cantar por no llorar.

Días enteros con la nariz entre la almohada y las lágrimas entre los ojos.

Escenas de porno en canales que anunciaban peladores eléctricos de calabacines y calabazas.

Fingir hacer el amor cuando lo que quería era comer una hamburguesa sin mostaza.

Hornear pan y sacar una bola de cemento. Husmear en vidas ajenas y salir ilesa. Hartarme de todo y no hacer nada.

Kilos de mierda en la huerta para abonar la tierra para sembrar después para recoger al final.

Lágrimas saladas en el paladar.

Manos pintadas de blanco pidiendo la paz. Manos pintadas de negro para decir NO (o VASTA YA o NUNCA MAIS).

Narices metidas en asuntos ajenos.

Ñames untados con miel sin sabor a nada.

Olas salvajes inundándome los pulmones. Odio desmedido al océano. Ojos enrojecidos de tanta sal. Olvidar lo sucedido y perdonar al mar.

Pequeñas caricias que hicieron grande el recuerdo. Pequeños recuerdos que hicieron grande la vida.

Quesos ahumados en el bidón verde lleno de pencas secas, arriba, en Lo de abuela.

Rabia contenida por ser lo que no era para formar parte de las cosas. Y de las personas. Y de los grupos. Y del éxito. Y de la basura si hacía falta.

Saber que el Rey Baltasar era un tipo blanco pintado con betún negro de zapatos.

Teorías de que las mujeres no pueden entrar a la bodega cuando tienen la regla porque estropean el vino. Tonterías de viejos. Tentación de hacerlo.

Ungüentos de hierbas para curar la tos y el mal de ojo.

Voces graves de gente oscura entrometiéndose en mis sueños.

Whisky con hielo en todas las barras de los bares mediocres.

Xenófobo como una palabra desconocida en nuestra casa.

Yemas de huevo batidas con azúcar. Yogur de arándanos después de comer. Yodo terapéutico para hacer la digestión.

Zumbidos de aviones cruzando el mapa para aterrizar en otras vidas. Zombis que encarcelan sus alas. Zurcidos que no remedian a tiempo.

Recuerdo…

***