Ella.

No sé quién eres ni de dónde vienes, pero si llegas para quedarte, límpiate los pies antes de entrar. Y las manos. Y las uñas. Y la ropa. Y los ojos. Y el rostro. Y las costillas. Y las lágrimas. Y las quejas. Y la cabeza. Y las orejas.

Límpiate la boca, la lengua, el sexo, las palabras, los cumplidos, la carcaza, los calzones, el futuro, la huida, los esquemas, la conciencia, las mentiras, las verdades, el dolor, la fortuna, los regalos, la fachada, el grito, la esperanza, el auxilio.

Límpiate la sombra, las pestañas, las alas, los sueños, los zapatos, las huellas, los besos, las caricias, las arrugas, las sonrisas, las esquinas, los secretos, la mirada, la confianza, la certeza, el equilibrio, la muralla, el silencio, los despojos, las pisadas.

Límpiate de flores, de raíces, de pasado, de nubes, de viento, de idas, de venidas, de dinero, de deseo, de locura, de insomnio, de basura, de dedos, de armonía, de miedos, de corajes, de tumores, de vacíos, de presagios, de castigos, de mensajes, de botellas, de hastíos.

Límpiate las cumbres, los fracasos, las mudanzas, el asombro, las riquezas, el destino, los aplausos, las creencias, el cuerpo, la grandeza.

Límpiate de todo y, si sobrevives, tócame la puerta.

Él.

Vengo a recogerte amada mía. Vengo a escudriñarte, a comerte, a besarte, a quererte, a tocarte, a agasajarte, a lamerte, a contarte, a escribirte, a buscarte, a calmarte.

Vengo a recogerte amada mía. A diseñarte, a leerte, a descifrarte, a sumarte, a soplarte, a tomarte, a acariciarte, a penetrarte, a liberarte, a despeluzarte.

Vengo a acotejarte, a silenciarte, a mejorarte, a sublevarte, a construirte, a valorarte, a cantarte, a emocionarte. Vengo a experimentarte.

Vengo, amada mía, a rozarte, a erizarte, a susurrarte, a voltearte, a deformarte, a entusiasmarte, a explorarte, a investigarte, a regalarte, a dibujarte.

Vengo para escucharte y vengo para amarte.

Vengo a recogerte, amada mía. Vengo porque toda tú, eres arte.

Él y Ella.

Ella le abrió la puerta.

Él le selló los labios.

Ella bajó la cabeza.

Él le subió la barbilla.

Ella intuyó su mirada.

Él le habló con los ojos.

Ella escondió la vergüenza.

Él escondió el impulso.

Ella tomó las riendas.

Él se rindió como pudo.

Ella quiso domarlo.

Él se dejó desnudo.

Ella gritó hacia el cielo.

Él gritó para ella.

Ella se asió a su cintura.

Él se volvió caballo.

Ella le dio con rabia.

Él se movió con finura.

Ella se creyó diosa.

Él se vistió de infierno.

Ella cerró los ojos.

Él le apagó la culpa.

 

Él y ella.

Los dos,

bajo una misma tumba.