Dijiste de salir volando

de estirar las alas y coger impulso.

Te hice caso,

yo,

que nunca tengo oídos,

que jamás callo para que otros hablen.

Pero te hice caso.

Y volé.

Salí disparada contra las nubes,

atravesé masas de agua

me encontré con el sol

luego la luna

más tarde la noche

y al final de todo,

en lo más lejos que existe,

dos estrellas bailando

en el brillo de tus ojos.

Yo,

que nunca tengo oídos.

Pero te hice caso,

y volé.