Ahora, idiota

 

Y ahora lo dices. Lo dices justo ahora que cerré las persianas de cada una de las ventanas de mi cuerpo. Ahora que ya te olvidé. Justo ahora que me subí a los tacones de las noches ruidosas, donde nadie camina derecho, donde el equilibrio se pierde en la segunda ronda. Lo dices ahora y con el aliento sangrándote la boca.

¡Idiota! Eso es lo que eres, un idiota de segunda que se le enreda la lengua entre mentiras porque, no sé si lo sabes, a los idiotas de primera se les enreda el pensamiento, pero es que a los de segunda se les enreda la boca y, eso, eso es peor que nada, peor que tú, peor que ese silencio que llevas encima, peor que el infierno en llamas. ¡Idiota!

Ahora: no me vengas con suspiros, ni con abrazos rotos, ni con tesoros teñidos de plata. Tampoco vengas con flores, no, con flores no vengas nunca, ni el día en que se me muera la vida que, por cierto, apunta, ese día para ti es hoy.

Nada de sentidos comunes, nada de atardeceres en la orilla del río. Nada, ya sabes: nada, toda la nada de nada. Porque ahora, querido, lo que dices justo ahora, no es más que una estela de polvo saliéndome de los zapatos.

 

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